Disforia de Género

Cómo vive un niño atrapado en el cuerpo de una niña

Así vive un niño atrapado en cuerpo de niña, en medio de un ambiente de intolerancia

Tiene 13 años, y desde los cuatro su familia notó su diferencia. Es transexual y por ese motivo es excluido en su colegio, al que no ha vuelto.

La última semana de clases, antes de estas vacaciones de mitad de año, Diego* no fue al colegio distrital donde cursa octavo grado. El 22 de junio algunos estudiantes se la ‘montaron’ de tal modo, que el asunto terminó en golpes.En pleno patio le gritaron -muchas veces- “marimacho”, “niño-niña” y “la loca de octavo”. A Ana*, su amiga, le dijeron lesbiana.
Diego se defendió y aunque ya está acostumbrado a los insultos, ese día, sin saber por qué, le dolieron más.

Este adolescente, de 13 años, es transexual. Nació mujer, pero se siente un hombre. Piensa y actúa como hombre.

Hace parte de un grupo que en el planeta no está contado independientemente (el transexual), sino dentro de la población LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales). El cálculo de esta última es entre el 7 y el 12 por ciento de los habitantes del mundo, según el sicólogo Miguel Rueda, del Centro LGBT de Bogotá.

Diego está sentado al lado de Catalina*, su mamá, profesora de colegio distrital, quien percibió que había algo diferente en su hijo desde que este era muy pequeño.

Al principio no había problema cuando le ponía ropas de niña, moños y pinzas. Pero cuando Diego (que fue bautizada como Andrea*) tenía 4 años e iba para el jardín, la mujer no tuvo dudas. “Le estaba poniendo el uniforme de las niñas y me dijo que no le gustaba esa ropa, que se la quitara”, cuenta.

Entonces, empezó un largo recorrido por sicólogos y médicos para averiguar qué pasaba con Andrea. “Me dijeron que su sexo es de niña, pero su forma de socializar y su rol son masculinos”, comenta. El diagnóstico del siquiatra fue que se trataba de un hombre transexual. “En palabras sencillas: es un niño atrapado en el cuerpo de una niña”, sigue.

La pequeña familia asumió el dictamen (Catalina es madre soltera). Con el paso del tiempo el círculo de aceptación se amplió un poco: el papá y la hermana de Catalina hoy ya no hablan de
Andrea, sino de Diego, el nieto y el sobrino.

El problema, sin embargo, era el resto del mundo. Diego iba a los jardines infantiles en sudadera y a su mamá la llamaban para comentarle que la “niña actuaba como un niño”, y que si tenía algún problema con el uniforme de las mujeres.

Sin embargo, lo peor fue cuando Diego entró a estudiar a un colegio privado, en cuarto grado. “Ahí sí sufrí. Las agresiones de los otros niños eran muy crueles y yo, por supuesto, era más pequeño y vulnerable”, dice.

Y es que según el libro ‘Los rostros de la homofobia en Bogotá, descifrando la situación de derechos humanos de homosexuales, lesbianas y transgeneristas’, de Erik Werner Cantor, en coedición con la Universidad Pedagógica y la Corporación Promover Ciudadanía -que saldrá al mercado en una semana-, en el ámbito educativo el 64 por ciento de los estudiantes y el 40 por ciento de las estudiantes se burlan de un compañero con tendencias LGBT.Además, según el mismo estudio, el 28 por ciento de los jóvenes insultan a sus compañeros homosexuales. En la encuesta, hecha a 316 personas LGBT), un 7 por ciento dijo haber sido agredido por sus compañeros de clase.

Pelea por un uniformeDe lunes a viernes, la sudadera era el uniforme de Diego en los colegios donde estudió. Hasta que ingresó al plantel distrital en el que se encuentra y donde tanto él como su mamá decidieron dar la batalla para que lo dejaran ponerse el uniforme de los niños.

La pelea no fue fácil. Y solo se solucionó cuando vieron el certificado médico de Diego.

El uniforme lo hace sentir cómodo. Pero no ha sido garantía de tranquilidad y aceptación.

Pese a que Catalina pidió una reunión con los profesores para explicarles el diagnóstico y solicitarles que dejaran de llamarlo Andrea y se refirieran a él como Diego, muchas veces el niño tiene que contestar “presente” cuando llaman a lista y dicen su nombre femenino.

En el barrio la situación no es diferenteLa cuadra donde vive con su mamá tampoco ha sido el mejor de los escenarios. Ahí están desde hace 10 años y aunque no hay agresiones físicas, sí se oyen comentarios sobre “la marimacho”.

Diego se refugia en sus clases de teatro, canto, guitarra y piano; en su pasión por el fútbol y los videojuegos.

De niño, cuenta, siempre pedía ser el papá cuando jugaba a la ‘casita’ con sus primos. Y también jugaba a los carritos, las canicas y a sus ídolos: los Power Rangers. Lo más normal para él, pero lo más exótico para muchos parientes lejanos que les decían a sus hijos, en voz baja, que no se le acercaran “mucho”.

Tiene en la mente el cambio de sexo

El tratamiento ya se inició con hormonas que le inyectan dos veces al mes y tienen un costo de 80.000 pesos, más 20.000 de la consulta médica.Este proceso es para poder hablar grueso y realizarse las operaciones de cambio de sexo, que incluyen mastectomía (extirpación de las mamas) histerectomía (extirpación del útero) y faloplastica (instalación de un pene artificial).

El tratamiento se lo hacen en la Asociación Colombiana de Estudios Intersexuales, conformado por médicos de la Universidad Nacional.

El costo de las cirugías es de unos 40 millones de pesos. Catalina hará las diligencias ante su EPS para cubrir los costos. Con fe dice que espera que las aprueben sin tener que recurrir a tutelas y abogados. “No son un lujo. Son para darle tranquilidad a mi hijo”, manifiesta.

Y una nueva vida. Eso es lo que Diego quiere. Por eso, el día que se enamore de una mujer (le gustan inteligentes y bonitas), no le contará su pasado. “Eso y todo lo que he tenido que pasar ya no existirán”, dice, mientras saca algo de su billetera de niño, que lleva con orgullo en el bolsillo de atrás de su bluyín.

‘Los papás tenemos que salir del clóset’

El miércoles, Catalina, mamá de Diego, pidió la palabra en la firma del Pacto de Seguridad de la comunidad LGBT. Y le dijo al alcalde Luis Eduardo Garzón que, su hijo, por ser transexual, sufría exclusión en el colegio distrital donde estudia.

Esto, según Ángel Pérez, subsecretario administrativo de la Secretaría de Educación del Distrito, es inadmisible.

“En nuestros colegios tenemos que educar bajo la orientación de la participación y la diferencia, no puede haber discriminación”.

Por eso, la Secretaría hablará con la rectora y autoridades del colegio para que respeten la diferencia de Diego.

La valiente Catalina, que es menuda y no aparenta más de 30 años, espera que sea así.

Cuenta que quedó embarazada muy joven, “sin pensar que sería la mejor experiencia que viviría. No me llegó un niño o una niña, sino lo mejor de los dos”.

Esa fortaleza, las peleas que ha dado y ahora su decisión de hacerle las operaciones a Diego, la llevaron a formar la Asociación de Padres con Hijos LGBT, que se reúne en el Centro LGBT de Chapinero.

En las reuniones semanales hablan de sus hijos, de las relaciones de familia y de su experiencia.

En su opinión, los papás con hijos LGBT “tenemos que salir del clóset a la par con ellos. No hay que esconderse por algo así”, dice.

¿Qué es el transexualismo?

Según el sicólogo Miguel Rueda, del Centro LGBT, el transexualismo se puede definir como el desenvolvimiento de una identidad de género diversa.

“Es cuando una persona no se siente cómoda con el sexo biológico que tiene porque mentalmente es distinto. Por eso, la gran mayoría se somete a una cirugía de reasignación de sexo”, dice.

Las causas del transexualismo son variadas. Pueden ser endocrinas (cuando hay niveles superiores o inferiores de testosterona); en algunos casos por tumores cerebrales o por trastornos de identidad sexual en la infancia.

En Colombia, el primer cambio de sexo se hizo en 1986, y entre ese año y 1995 se atendieron 29 casos. En el 2005 se realizaron 14 cambios.

Después de hacerse la operación hay que iniciar trámites de cambio de nombre ante la Registraduría, lo que implica esperar una nueva cédula de ciudadanía.

Del mismo modo, quien se cambie de sexo y tenga bienes a su nombre, deberá hacer nuevas escrituras.

* Nombres cambiados por solicitud de los protagonistas de la historia

OLGA LUCÍA MARTÍNEZ A
REDACTORA DE EL TIEMPO

El tema Rubric. Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 27 seguidores

%d personas les gusta esto: