Disforia de Género

Emperador Heliogábalo

Emperador Heliogábalo

Hija de Sexto Vario Marcello y de Julia Soaemias Bassiana, Heliogábalo pertenecía, por parte de su tía Avita Mamaea, a la familia de los Severos, que llevaba el nombre de su fundador, el emperador Septimio Severo. Sus antepasados eran sacerdotes hereditarios del dios El-Gabal, con santuario en Emesa (hoy Homs) en Siria. Del nombre de la piedra sagrada de este santuario deriva el nombre con qué esta emperadora entró en la historia. Heliogábalo era notablemente bella, afirman los historiadores, y cuando aparecía con su lustroso y largo cabello, ataviada con ricos vestidos femeninos, incluso los hombres se sentían subyugados por su aspecto.

Fascinada por la idea de castrarse, o de realizar la operación, Heliogábalo ofreció una recompensa inmensa al médico cuya destreza fuera suficiente para transformarle en mujer. No pudiendo hallar a ningún cirujano que quisiera intentar el proyecto, se vio obligada a sustituirlo por la circuncisión, que estaba muy lejos de ser el remedio para su feminización quirúrgica.

Como otros anteriores emperadores romanos, vagaba por las calles de la ciudad, después de anochecido, vestida como mujer, ofreciendo su cuerpo a los desconocidos para el intercambio físico.

Al final se enamoró de un esclavo de colosal estatura llamado Hieracles. Entonces, lo mismo que Nerón, ordenó otro casamiento, en el que ella sería la mujer que se uniría al esclavo. Acto seguido, tuvo lugar una impresionante escena de desfloración y luna de miel.

Heliogábalo acabó por estar tiranizada por este ardiente gigante, siéndole fiel, de acuerdo con su estado, y efectuando los deberes domésticos así como los eróticos de una buena esposa. Pero fue su pasión por Hieracles lo que selló su destino. Concibió la fantástica idea de abdicar en favor de su esclavo, lo cual le habría convertido en emperador, mientras ella, Heliogábalo, habría reinado como emperatriz.

Gobierno

Este plan fue la gota que hizo desbordar el vaso de agua. La emperadora Heliogábalo fue asesinada sin ceremonias y su cuerpo arrojado al río.

Llegó al poder porque su abuela, Julia Maesa, sobornó a los militares y extendió el rumor de que era la hija ilegítima de Caracalla. Así fue proclamada emperadora el 16 de mayo de 218 desplazando a Macrino que también pretendía. Para subrayar su legitimidad adoptó el nombre de Caracalla, Marco Aurelio Antonino.

Macrino envió cartas al senado arguyendo que la presunta ascendencia de Heliogábalo era falsa y alegando locura en su rival. Así consiguió que Heliogábalo fuese abandonada por los dos cónsules, por el jefe de los pretorianos y que el senado declarase la guerra, a ella y a Julia Maesa. Sin embargo fue readmitida tras la derrota y el posterior asesinato de Macrino en junio de 218 mediante una amnistía general del senado.

Luego el senado consagró a Julia Domna y a Caracalla, y a Julia Maesa y Julia Saoemias se les otorgó el título de “Augusta” reconociéndolas como emperatrices. La memoria de Macrino y de su hijo Diumediano fue condenada y eliminada.

El poder imperial

Pronto se demostró que las prácticas y convicciones religiosas de la nueva emperadora iban a ser un problema. En 218 hubo unas primeras revueltas de ciudadanos de Nicomedia, disgustados por los nuevos ritos. Para acostumbrar a los romanos a un sacerdote oriental como emperador, Julia Maesa hizo mandar un retrato de Heliogábalo a Roma y levantarlo encima de la estatua de la Victoria en la casa del senado. Así siempre que se hacían ofrendas a la diosa, los senadores tenían que hacer al mismo tiempo referencia al emperadora.

La salida de la emperadora desde Asia Menor hacia Roma se retrasó porque hubo que sofocar levantamientos menores. La corte llegó finalmente a Roma en otoño de 219. Se otorgaron cargos importantes y lucrativos a los partidarios de Julia Maesa y de su nieta, enfadando a muchos senadores que consideraron poco respetables a los nuevos dueños de los cargos. Heliogábalo intentó también nombrar a sus amantes masculinos para posiciones importantes. Quiso nombrar César a Hierocles y asignar el puesto de Cubiculario a Zoitcus.

En un principio los lazos de Heliogábalo con Iulia Maesa y Iulia Saoemias eran fuertes. Su madre y su abuela se convirtieron en las primeras mujeres admitidas en el senado y recibieron títulos senatoriales. Se dio el título de Clarissima a Julia Saoemias y el de Mater Castrorum et Senatus a Maesa. Su abuela intentó establecerse como poder en la sombra, pero pronto quedó en evidencia que Heliogábalo tenía ideas propias y era imposible de controlar.

La caída del poder

Las excentricidades de Heliogábalo y especialmente su costumbre de forzar a los demás a participar en sus ritos religiosos convencieron a Julia Maesa de que debían ser apartadas del poder, ella y su madre, Julia Saoemias, que había apoyado a su hija en sus prácticas. Así se dirigió a su otra hija Julia Avita Mamaea y a su hijo de 13 años Alejandro Severo. Consiguió que este último fuese adoptado por Heliogábalo como heredera. Luego lo preparó para tal fin, fomentando a la vez su popularidad entre el pueblo. Cuando Heliogábalo se dio cuenta y mandó asesinar a Alejandro, ya era tarde: Julia Maesa había sobornado a los pretorianos antes de que se ejecutara la orden; Heliogábalo y Julia Saoemias fueron asesinados el 11 de marzo de 222. Sus cuerpos fueron arrastrados por las calles de la ciudad y finalmente arrojados al Tíber. Tras su muerte, sus edictos religiosos fueron revocados y la piedra de Emesa devuelta a su origen.

En el siglo XIX Heliogábalo se convirtió en heroina del movimiento decadente.

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