Disforia de Género

Lynn Conway

 Traducción de Isabel Rico S.

A TRAVÉS DEL LABERINTO DE GÉNEROComo un chico brillante, llegó a ser una de las mujeres con mayor éxito en su campo profesional.

Por Michael A. Hiltzik

INRODUCCIÓN

A finales de 1998, un joven investigador ahondó en la historia secreta de un proyecto de supercomputación que contaba ya con 30 años de antigüedad. Dicho proyecto había sido publicado por la compañía IBM en un intento por buscar ayuda para estudiarlo. Como Mark Smotherman explicó en un reportaje de Internet, sabía que el proyecto había propiciado las primeras tecnologías en ordenadores. Pero más allá de eso, las investigaciones sobre dicho proyecto se habían enfriado. Incluso IBM parecía haber perdido muchos datos sobre el trabajo, como si se les hubiera sometido a una especie de lobotomía. Los datos publicados eran esquemáticos y la cronología estaba llena de huecos. Smotherman no había sido capaz de encontrar a nadie con el suficiente conocimiento que supiera descifrar lo que en su tiempo se llamó Proyecto Y. 

En pocos días, un email llegó a la oficina de Smotherman, en la Universidad de Clesson, al sur de Carolina. El remitente era Lynn Conway, una de las más distinguidas mujeres americanas en computación. Parecía saber no sólo la historia completa del proyecto Y, sino poseer además una gran cantidad de material sobre él. 

Durante las semanas siguientes, Conway ayudó a Smotherman a rellenar todos los huecos que faltaban en el proyecto, pero su conocimiento llenaba a Smotherman de dudas. ¿Cómo sabía ella tanto? Su nombre no se mencionaba en ninguna lista de equipo técnico. Ni había tampoco ninguna asociación entre su nombre y el resumen publicado por IBM en sus numerosos artículos tecnológicos. Cuando él le hizo saber sus dudas, ella le contestó solo que había trabajado para la compañía con un nombre distinto, y su tono cortó cualquier otra pregunta. 

Lo que Smotherman no podía saber era que su interés por tan técnica información, había presentado a Lynn un profundo dilema personal. Ella deseaba fervientemente que la historia del proyecto IBM saliera a la luz y que su participación en dicho proyecto le fuera reconocido y se le respetara por ello, no que la hundiera. Pero también sabía que aquello no podría pasar sin abrir una puerta de su pasado que había mantenido cerrada por más de 30 años. 

Después de agonizar de ansiedad durante semanas, Conway telefoneó a Smotherman y descargó sobre él su extraordinaria historia:“Verás”, empezó,”Cuando yo trabajaba para IBM era un hombre. 

PARTE PRIMERA: ROBERT

La Naturaleza provee a sus criaturas de una impresionante gama de diversidad sexual, que nuestra cultura se ha empeñado siempre en clasificarlos en dos: masculino y femenino. El género es el factor más importante y fundamental de nuestra propia imagen personal, la imagen que presentamos a todos los que nos rodean. Piense, si no, en lo primero que preguntamos cuando hay un nacimiento:”¿Es niño o niña?” 

Hoy en día, los intrincados caminos del género se adentran en un debate científico, cultural, e incluso político. ¿Por qué no pueden las chicas competir contra los chicos en matemáticas o en el deporte? ¿Podrían los chicos ser más sensibles si la sociedad no les convenciera de su rol de rudeza y tosquedad? ¿Dónde reside en realidad nuestra identidad de género: en nuestro físico, en nuestro cerebro, o en algún recóndito lugar de nuestra alma? 

La sociedad ha empezado a interesarse abiertamente por el tema. “Hay una pequeña porción de cada género en cada persona, y es intrigante como poco, cuánto tenemos exactamente de la otra parte” dice George Brown, un psiquiatra del Centro Médico de la Administración Veterana en Jonson City, Tenesse. 

El transexualismo, la expresión más extrema de la discordancia de género, puede ser nuestro último tabú. Al menos 40000 americanos han pasado por cirugía y terapia para conseguir su transición de hombre a mujer y al menos 20000 más, de mujer a hombre. Pero el estigma es tan fuerte, la discriminación tan descarada, que la mayoría mantienen su transición en secreto y ocultan su vida pasada, sus trabajos y amigos que les han acompañado en su antigua vida. Lynn Conway está entre las primeras americanas que llevó a cabo su transición y comenzó a vivir su nueva vida escondiendo la antigua. 

Hoy en día, Conway vive en una casa a las afueras de Ann Arbor donde es profesora de ciencia computadora escrita en la Universidad de Michigan. Delgada y alta, de cabellos castaños, largos dedos y con una correcta autoridad de ingeniera, dice que sabía que la operación que cambiaría su género la confinaría a una vida dura. Y sabía también que merecía la pena. Con la mirada perdida sobre 24 acres de setos, arbustos y bosque, comparte su vida con su novio desde hace 13 años en el distrito rural de Michigan. Recuerda los riesgos a los que se enfrentó tres décadas atrás: “La predicción de todo el mundo era que lo que iba a ocurrirme sería un desastre” dice. “Peroa veces en tu interior sabes que lo que sientes es correcto”. 

Un niño, que por razones de privacidad familiar llamaremos Robert, nació en Mt. Vernon, en Nueva Cork, de una profesora de escuela y un ingeniero químico que terminaron divorciándose cuando Robert tenía siete años. Robert era un niño con una cara pequeña y redonda y ojos azules y directos, que a la edad de 4 años, ya mostraba signos- tímidos pero que alarmaban a sus padres- que no era un chico normal. Esquivaba a los otros chicos y prefería los juegos apacibles de los grupos de chicas. Un día, al entrar en una tienda de ropa con su madre, en Scarsdale, se paró, absorvida su atención ante un abrigo rosa de niña, con suaves solapas como el que tenía su amiga Janet. 

“¿Puedo tener uno como ese?” 

Sólo había terminado de decir la última palabra, cuando sintió que todos los ojos de las personas que había en la tienda, la miraban fijamente. 

“No, no puedes tener ese traje” dijo abruptamente su madre “¡No eres una niña!” 

Incluso para unas orejas que sólo contaban 4 años era obvio que había cometido algún terrible error, pero no entendía cuál. 

Desde ese momento, sus padres observaron estrechamente cualquier signo de afeminamiento, que cortaban sin miramientos. Le cortaban el pelo casi al rape, dejándole lo justo delante para peinarla. Su madre dejó de abrazarla y casi no la tocaba, como si temiera que sus antiguas expresiones de amor maternal la hubieran ablandado de alguna forma. Lynn terminó creyendo que era espiada a todas horas.

 

La exhaustiva vigilancia menguó cuando sus padres se divorciaron. La madre de Robert estaba demasiado ocupada haciéndoles entender que ella y su hermano, Blair, tendrían que apañárselas solos después de clase. Los hermanos compartían un interés insaciable por la naturaleza y la ciencia. La casa estaba llena de pecios y echazones de las asignaturas de las clases de su madre. 

Cuando llegaban las vacaciones de verano, comenzaban los proyectos de Robert de diseño y construcción. Construyó con sus manos un sistema de alta fidelidad y un marco de madera para los hobbys fotográficos de su hermano. En el instituto se decidió a crear un radio-telescopio. Corría el año 1952, y buscando en el cielo las ondas emitidas por los cuerpos cósmicos- ahora una indispensable herramienta para la moderna astronomía- adquirió una aplicación de calidad, como la que conseguiría un auténtico científico. De todas formas, Robert estudió sin parar, bosquejando diseños, y adquirió el aluminio y la madera necesarios y, con la ayuda de Blair, construyó en la trasera de la casa un complicado dispositivo, de 12 pies de diámetro. 

“Robert tenía una personalidad tan fuerte porque estudiaba bien, haciendo un plan y llevándolo hasta su conclusión” dice Blair. “No hay forma de parar a una persona que trabaja así” 

Lo que Blair no era capaz de comprender era que la determinación de su hermana mayor se velaba- o quizá hacía contrapeso- en un profundo desorden interno. Con la pubertad, los sentimientos rebeldes de femineidad de Robert estallaron, produciéndole un conflicto violento con la inexorable masculinización de su cuerpo. Hizo todo lo posible por impedir lo que estaba pasando, afeitando sus piernas continuamente, dando forma a sus cejas, robando ropas de mujer de las casas de sus familiares. Pero aquellas tristes hazañas sólo hacían aguijonear el conflicto interior. 

En los años 50 el sexo era un tabú, incluso en el hogar. No había nadie con quien pudiera hablar y buscar apoyo y explicaciones. Su madre buscaba signos de afeminamiento, pero jamás sacaba a relucir la conversación. Tal negativa y no querer ver la realidad que se producía en la familia de Robert, era un reflejo exacto de lo que pasaba en la sociedad.

La visión del transexualismo como una enfermedad mental es tanto la causa como la pobreza de la investigación científica en la cuestión del género.Lo que se sabe es qeu hay cuatro elementos relacionados de alguna forma. Éstos pueden ser clasificados en genético, hormonal, físico y neurológico. En la mayoría de los casos, estos cuatro elementos están sincronizados.

Una niña hereda una X de ambos padres y se desarrolla bajo la influencia de la hormona llamada estrógeno, desarrollando las características femeninas como el pecho y la capacidad de ovular. La niña tiene vagina, útero y ovarios, y se considera a sí misma, psicológicamente, una niña.

Un niño hereda una X y una Y y se le desarrollan los músculos y le crece el pelo facial bajo la influencia de la testosterona. Este niño tiene pene y testículos y psicológicamente se considera a sí mismo como un niño.

Pero a veces ocurre que la Naturaleza, tan eficiente al manejar toda la montonera de eventos biológicos a tener en cuenta en el nacimiento de un bebé, deja uno o más de estos elementos desconectados. El cromosoma Y tal vez tenga una falta de genes apropiados a las necesidades qeu un cuerpo masculino necesita, en cuyo caso es un XY femenino- claramente indistinguible del cromosoma de una mujer no transexual. El sistema reproductivo es  susceptible a una amplia gama de defectos que se conoce bajo la categoría de “intersexo”- la presencia de elementos biológicos de ambos géneros. En un asombrosamente alto número de nacimientos- al menos uno de quinientos, de acuerdo con los pediatras- un niño nace con genitales anómalos que en los casos más severos, determina a qué género pertenece.

En los casos más inusuales, el único elemento sincronizado es el neurológico. La causa y, más aún, el remedio para la convicción profunda de estar atrapado en un cuerpo perfecto pero totalmente inapropiado, es un misterio oculto en lo más profundo de la mente.

Robert pudo hacer muy poco por profundizar en lo que sentía hasta que dejó su casa con 17 años para estudiar física en la MTV. La vida universitaria fue una liberación. Destacó en la competición de los 900 graduados más brillantes de la universidad, terminando sus estudios del primer año entre el 2% de las mejores notas de su clase. Durante el primer año se mantuvo, aunque con incomodidad y preocupación, en su vida “normal” de un joven heterosexual, saliendo de vez en cuando con un grupo de amigos y amigas.

“En esa época era tan “normal” como un niño inocente” recuerda Dorothy Hahn, que se casó con el mejor amigo de Robert, Karl. “Se sentía incómodo con las chicas, aunque no demasiado”.

Pero liberado del escrutinio incesante de su madre, halló su espacio para ser totalmente consciente de su verdadero yo. Llamó a su persona femenina Lynn- un derivado de su segundo nombre- y clandestinamente comenzó a encargar ropa femenina de un catálogo de Sears. Cuando se enteró que un grupo de conocidos se dedicaba a robar farmacias para conseguir narcóticos, realizó un cuidadoso estudio de literatura endocrinológica y se presentó con una orden, detallada en términos de la precisión de un físico, para que le dieran estrógenos inyectables.

Las hormonas hicieron su trabajo. La piel y los rasgos de Robert se suavizaron, su vello corporal comenzó a escasear, y el pecho comenzó a abultársele. Con pies de plomo, comenzó a darse a conocer a sus amistades más cercanas, luego vistiéndo ropas de mujer en público, donde su femeinidad andrógina atraía la atención masculina. Un autoretrato fotográfico de aquella época, muestra a una “desamparada” Lynn vestida con un modesto traje negro, el pelo recogido tras una oreja y las piernas desnudas. Algunos de sus nuevos amigos fueron sus novios, aunque Lynn nunca vio esto como una relación homosexual, pues aunque sus compañeros sabían que había nacido como hombre, la trataban en femenino y la llamaban Lynn.

 (Continuará…)

http://ai.eecs.umich.edu/people/conway/Media/Media.html#anchor39875

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