Disforia de Género

Pequeña información transexual

Después de la operación de Nati, se habla de la disforia

 
 
 

Una mujer con disforia de genero es aquella persona que pertenece psíquicamente al género femenino a pesar de haber nacido con anatomía de hombre.

En 1973 se propone el término de síndrome de disforia de género o Síndrome de Benjamin (en honor a su descubridor), que incluye al transexualismo pero también a otros trastornos de identidad de género.

Disforia de género es el término utilizado para desig­nar a la insatisfacción resultante del conflicto entre la identidad de género y el sexo asignado. En 1980 aparece el transexualismo como diagnóstico en el DSM‑III (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, tercera edición).

Una de cada 30mil personas nacidas con genitales masculinos y una de cada 100 mil personas nacidas con genitales femeninos, padecen disforia.

Un estudio de varios expertos de la Universidad de Ámsterdam (Zhou, Hofman, Gooren y Swaab) es calificado como la mayor evidencia de que existen infinidad de similitudes estructurales y neuroquímicas entre el cerebro de las personas transexuales y el cerebro de las personas del sexo con el que se sienten identificadas.

Los transexuales tienen la convicción de pertenecer al sexo opuesto al que nacieron, con una insa­tisfacción mantenida por sus propios caracteres sexuales primarios y secundarios, con un profundo sentido de rechazo y un deseo manifiesto de cambiarlos médica y quirúrgicamente. Desde la infancia su identidad mental es distinta a su fenotipo genital. Son mujeres que se sienten “atrapadas” en cuer­pos de hombre, y hombres que se sienten “atrapados” en cuerpos de mujer; sin trastornos psiquiátri­cos graves que distorsionen la percepción de la realidad, que necesitan ser aceptados social y legal­mente en el género elegido.

A diferencia de los travestidos, que alivian su conflicto vistiendo y comportándose como el sexo contrario, los transexuales necesitan conseguir la reasignación al sexo opuesto. Los transexuales bus­can adaptar su cuerpo al sexo opuesto, al que se sienten pertenecer.


Cirugía genital

De hombre a mujer: La transformación de los genitales externos masculinos a femeninos uti­liza una técnica muy elaborada y experimentada durante más de cuarenta años.

La intervención consta de diferentes fases: Orquiectomía, penectomía, vaginoplastia (creación de la neovagina con la piel del pene), clitoroplastia (con parte del tejido del glande) y labioplastia (con piel del escroto).


El caso de Nati

La compleja intervención que le hicieron a Nati -y que había sido autorizada por el juez en lo Civil, Comercial y de Familia de Villa Dolores, Rodolfo Alvarez- duró cinco horas. El equipo que la llevó a cabo fue dirigido por el urólogo César Fidalgo, que ya realizó 11 intervenciones similares, aunque esta fue la primera en el país que tuvo a un menor como paciente.

“Estoy tranquila, sé que todo va a salir bien; va a ser un gran cambio. Estoy sintiendo que de a poco la vida me está mostrando su lado positivo”, dijo minutos antes de entrar al quirófano.

“Esto es muy importante, porque se trata de la salud y del proyecto de vida de mi hija. A partir de ahora, va a tener la vida sexual de cualquier mujer, y si bien no va a poder tener hijos, podrá adoptarlos, porque tiene un gran corazón”, expresó Alicia, la madre de “Nati”.


Cuidados

La persona que contemple la vaginoplastia tiene que entender bien estos riesgos. Algunos ejemplos de complicaciones serias son infecciones graves, desangramiento, y daño a la vejiga, la próstata, o a los nervios principales durante el proceso de disección que forma la vagina. Puede ser difícil controlar y corregir tales complicaciones, que pueden necesitar una estancia prolongada en el hospital y que pueden causar daños permanentes y incorregibles.

Una de las complicaciones más temidas es una fístula vaginal-rectal, que puede ocurrir por casualidad durante la disección de la cavidad vaginal al perforar el muro rectal, o como resultado de la muerte de tejidos vaginales-rectales debido a una presión excesa del relleno vaginal inmediatamente después de la cirugía. Una fístula permite que materia fecal se desvíe de la estrictura anal y se exude dentro de la vagina. La materia fecal impide que se cure la fístula y por eso hay un riesgo continuo de infección. La única manera de corregir esta situación es ejecutar una cirugía de colostomía, y durante muchos meses la paciente tendrá que usar una bolsa para acumular la materia fecal mientras se cura la fístula. Durante este tiempo puede que sea imposible la dilatación adequada de la neovagina, do modo que se cierre, y puede que sea necesario otra cirugía más tarde, esta vez sin poder evitar el uso de injertos extensos de piel.

Una vez que sale del hospital, la preocupación más importante para la mujer recién operada es asegurarse que se sane correctamente, y que la neovagina permanezca funcional y del tamaño adequado. Para garantir esto, la paciente tiene que se dilatar frecuentemente, usando un prótesis vaginal durante un período largo después de la cirugía. Se puede conseguir estos prótesis de varios lugares y el cirujano debe de recomendarte una fuente.

Los prótesis vaginales se ofrecen en una gama de tamaños de 28 a más de 38 mm., y tienen que ser insertados hasta la profundidad máxima (10 a más de 15 cm.) de la neovagina cada vez por unos 30 a 40 minutos, varias veces diariamente durante muchos meses después de la cirugía. Se aumenta paulatinamente el tamaño de los prótesis para mantener y agrandar la abertura y el interior de la vagina durante el período de recuperación posoperativa.

Más tarde, especialmente cuando la mujer no se encuentre sexualmente activa, ella tiene que hacer la dilatación básica por lo menos una o dos veces cada semana para mantener la profundidad y anchura vaginales. Incluso después de muchos años, si la mujer se fija en cualquier constricción vaginal, tiene que aumentar la frecuencia de dilatación hasta que terminen tales sensaciones.

Por Laura Brizuela

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