Disforia de Género

Transfobia y sociedad

Este artículo demanda una mirada integral para contribuir a mermar la discriminación padecida por las transexuales, pues “el aspecto policial y punitivo” para sancionar los atropellos, no es importante. Se necesita de una re-educación de la sociedad, dice la autora de este texto.

Por María Isabella Aguayo*

Los hechos de violencia contra transexuales en la Quinta Regiónm y que han generado una amplia campaña de repudio a nivel nacional e internacional, se suman a la larga lista de agresiones que a diario sufre la población transexual.

Esto tiene su raíz en una realidad social aún más amplia, pues incluye una serie de dinámicas que afectan también a otros sectores y que comparten una forma común de abordarse.

El aspecto policial y punitivo de la situación es importante en la medida que el país cuente con un sistema legal e institucional (recientemente modernizado) enfocado a la conservación del orden público y el resguardo de la seguridad ciudadana .

Pero esto no dará cuenta de las causas de tales fenómenos, ni aportará las soluciones de fondo necesarias para revertirlos; en último término, no es esta su función.

La marginalidad adopta muchas formas y sus causas son diversas y complejas, es el deber del estado garantizar la seguridad y los derechos de todos los ciudadanos sin importar su origen o condición social.

En este aspecto crucial se debe considerar que, si bien es cierto, el resguardo de estas garantías mínimas es indispensable, no es la única forma de conexión al interior de la sociedad civil, ni de esta con el Estado. Existen otras, pues de otro modo estaríamos condenados a habitar en un Estado policial.

La educación es una de ellas y constituye el pilar básico de nuestra conducta cívica y, puesto que su lógica supone el compartir en un espacio de encuentro y entendimiento, su concepto no debe ser reducido o limitado a la capacidad de las aulas.

Más bien tiene que incluir al conjunto de actividades y capas de la sociedad a través de diversos canales de participación que comprometan a la gente en su propio destino y en el de su comunidad. Y aunque es responsabilidad del Estado el facilitar la creación e implementación de tales canales, no es exclusivamente de el.

La ciudadanía debe ser conciente de que este ámbito no puede olvidarse ni ser abandonado al azar.

Las relaciones de participación y comunicación que involucran a la ciudadanía van mucho mas allá de ser un simple consumidor indiferente o un espectador frente al entorno. La identidad del ciudadano la construimos entre todos y es una responsabilidad connatural a nuestro derecho.

Es ese don de poder comunicarnos con nuestro vecino sin establecer una relación comercial, lo que nos hará valorarnos a nosotros mismos mediante la acción.

En particular respecto a las transexuales habrá que intensificar los esfuerzos por educar y sensibilizar a la población en general acerca de las causas del transexualidad, conocidas hace ya bastante tiempo por la ciencia, y con eso se estará dando respuesta a una parte esencial de la naturaleza humana, cual es la capacidad de conocerse y explicarse a sí mismo y a su entorno.

Sólo en la medida en que seamos capaces de comunicar nuestra realidad estaremos en el camino de la integración y de la civilidad. Aquel que nos permitirá que cada vez menos transexuales se vean obligadas a ejercer la prostitución para ganarse la vida. En que todos tengamos asegurado el derecho a vivir en paz y tranquilidad. Y en el que no tengamos que nombrar a algunos como víctimas para sugerir que se amplíen los canales de participación y comunicación ciudadana.

*Activista transexual, Movilh.

http://www.opusgay.cl/1315/article-76803.html

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